A la defensiva

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Se dice, se comenta que, para un experimento, un grupo de científicos introdujo a cinco monos en una sala.

En el centro de esta, colocaron una escalera con un racimo de plátanos encima.

Cuando algún mono osaba subirse a la escalera para alcanzar los plátanos…

¡ZAS!

…los científicos lanzaban un cubo de agua fría a los cuatro que se habían quedado en el suelo.

Este proceso se repitió varias veces.

Llegó un momento en el que, cuando algún valiente intentaba subir, los demás monos le propinaban una paliza antes de sufrir las consecuencias de su atrevimiento.

Lógicamente, una vez que todos los monos habían aprendido la relación entre subir la escalera y recibir una paliza, ninguno de ellos quería trepar por ella.

Y ahora, presta atención, porque esta historia cambia de rumbo.

Entonces, los científicos comenzaron la segunda parte del experimento.

Sacaron a uno de los monos, e introdujeron a uno nuevo.

Al ver los plátanos, este nuevo mono intentó subirse a la escalera impulsivamente y, como cabía esperar, los demás lo atacaron antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo para evitar una ducha de agua helada.

Este nuevo mono aprendió la lección, no subirse a la escalera o recibiría una paliza.

Luego se sustituyó a otro mono y…

¿Qué ocurrió?

Pues lo mismo ocurrió.

El sustituto también aprendió la lección, no subirse a la escalera o recibiría una paliza.

Poco a poco se fueron renovando los 5 monos de la sala. Todos ellos aprendieron la lección.

El caso es que ahora los científicos tenían encerrados a 5 monos y, aunque ninguno había experimentado personalmente una ducha de agua fría, todos ellos, a la defensiva, evitaban subir por la escalera y atacaban a cualquier mono que intentara treparla.

Si preguntáramos a uno de estos monos por su motivación, es probable que respondiera:

«Pues no lo sé, aquí siempre se hizo así ».

Nuestros patrones de comportamiento, sean estos más o menos funcionales, se asemejan bastante a los de estos monos.

Nuestras respuestas emocionales, nuestras estrategias de comunicación, o nuestros procesos de análisis y pensamiento.

Todos mantenemos reacciones automáticas que no sabemos muy bien de donde vienen, pero ahí están.

A través de recuerdos inconscientes o sentimientos y necesidades reprimidas, el origen de estas reacciones casi siempre se encuentra oculto en tu historia relacional y sistema familiar.

En lo que vivimos nosotros, pero también en lo que compartimos con nuestras figuras de referencia.

Y en necesidades y peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace tiempo.

Entender ese contexto pasado, esa cárcel invisible que te limita y dar explicación a tu propia historia de vida, aunque pueda resultar incómodo, puede ser el paso necesario para dejar de ser víctima de tus circunstancias y liberarse de esas ataduras que ahora te atrapan.

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